Un ascenso vespertino con la grandeza de la hora dorada. El Col de Sóller ofrece una sinuosa subida con más de 50 curvas cerradas, cada una de las cuales te ayuda a ganar cadencia rítmica y te lleva a vistas panorámicas de las montañas y a tranquilos olivares. El tráfico es mínimo gracias al túnel cercano, lo que convierte este lugar en un paraíso para ciclistas. Si calculas bien el tiempo del recorrido, llegarás a la cima justo cuando el sol se pone sobre la Serra de Tramuntana, bañando el valle con una cálida luz cinematográfica. Es un recorrido que permanece contigo mucho tiempo después del último pedaleo.
Un ascenso vespertino con la grandeza de la hora dorada. El Col de Sóller ofrece una sinuosa subida con más de 50 curvas cerradas, cada una de las cuales te ayuda a ganar cadencia rítmica y te lleva a vistas panorámicas de las montañas y a tranquilos olivares. El tráfico es mínimo gracias al túnel cercano, lo que convierte este lugar en un paraíso para ciclistas. Si calculas bien el tiempo del recorrido, llegarás a la cima justo cuando el sol se pone sobre la Serra de Tramuntana, bañando el valle con una cálida luz cinematográfica. Es un recorrido que permanece contigo mucho tiempo después del último pedaleo.